El socio (título original: The Partner) es una novela policíaca judicial de John Grisham, publicada en 1997. Es su octava novela.
Trama
Solo plumas hábiles y astutas como la de John Grisham, capaces de tocar todas las fibras del corazón, pueden persuadir al lector para que se ponga del lado del transgresor, del que infringe la ley. En el caso de El Cliente, Camara de Gas y El Jurado, por citar solo algunos de los títulos más conocidos, el transgresor es un prometedor abogado de un gran bufete estadounidense que un buen (¿o mal?) día abandona su casa, su mujer, su hija y su trabajo, tramando una rocambolesca huida, fingiendo estar muerto, carbonizado, en un accidente de coche. Y, lo que no es poca cosa, se apropia de noventa millones de dólares, en detrimento de Benny Aricia, un hombre sin escrúpulos que había puesto en marcha un plan para defraudar tanto a la empresa para la que trabajaba como al gobierno, asistido por cuatro astutos abogados, colegas asociados de Patrick, protagonista de la novela.
Decíamos que la pluma del autor es tan sutil que nos hace tomar partido por el culpable, precisamente porque Grisham, hábil abogado y escritor, sabe crear atenuantes psicológicas para el personaje, haciéndolo creíble e incluso simpático para el lector. Patrick, el joven abogado fugitivo, encuentra la manera no solo de dejar atrás todos los problemas, la monotonía de la vida cotidiana, sino también, y sobre todo, los sufrimientos de un matrimonio fallido con una esposa infiel, madre de una niña de la que él sospecha fuertemente no ser el padre, y compañeros de trabajo desleales que lo están excluyendo de las ganancias, con la complicidad del siniestro Aricia. Al abandonar la provinciana ciudad de Biloxi, en el estado de Misisipi, para huir a una pequeña ciudad brasileña, en la frontera con Paraguay, Patrick se convierte en Danilo: adelgaza unos treinta kilos, se somete a una operación de cirugía plástica en el rostro, cambia de peinado, pero sobre todo cambia «por dentro», se transforma realmente en un hombre nuevo, liberado de las ataduras del pasado.
Cuando el fugitivo es capturado en Brasil, se desata un odio encendido contra él. Los primeros en detestarlo serán los abogados estafados de su antiguo bufete, que por su culpa han caído en la ruina más absoluta, han fracasado en el trabajo, se han convertido en alcohólicos y «esnifadores» de cocaína; sin olvidar al malhechor Benny Aricia, que incluso contratará a un detective, Stephano, cruel torturador de Patrick-Danilo. Las descripciones de la tortura pueden perturbar a quienes no soportan los testimonios de violencia cruenta, pero no son un fin en sí mismas, ya que, en el plano intelectual del autor, corroboran su propósito de justificar las acciones del fugitivo: quien sufre tan atrozmente suscita sentimientos de piedad, también porque sus perseguidores son muchos, entre ellos las autoridades federales y estatales, incluido el FBI.
No faltan páginas irónicas, como la de Patrick que, agazapado en un árbol, espía su propio funeral, tras haber simulado un accidente de coche con un cadáver carbonizado a bordo.
Y aquí surge un espinoso dilema. ¿Quién es la víctima que ha sustituido a Patrick? ¿Es el protagonista de la novela también un asesino?
Opinión.
El autor mantiene a los lectores en vilo hasta casi las últimas páginas y no seremos nosotros quienes desvelemos el desenlace, solo adelantaremos que hay dos giros finales.
En la novela no faltan las figuras femeninas, ya sean de nacionalidad estadounidense o nacidas en Brasil, siempre descritas como fascinantes, muy bronceadas, practicantes de aeróbic, pulidas como si salieran de las páginas de Vogue, y en esto debemos señalar que Grisham se ajusta a los estereotipos de ciertos autores estadounidenses que ven una humanidad de belleza «construida» y con la copa siempre llena de whisky.
Trudy, la esposa abandonada y ampliamente consolada con un guapo que tiene todos los músculos en el lugar adecuado, es muy hermosa, pero (¡ay de él!) tiene «el cerebro situado debajo del ombligo» ; encantadora la inteligente y astuta abogada brasileña Eva que, en el fragor de la trama, tendrá que someterse a adoptar una nueva identidad y convertirse en Leah, tal vez por simetría con su compañero, que de Patrick se había convertido en Danilo. Y así, las «vidas dobles» se duplican a su vez, haciendo cada vez más densa la historia, ya repleta de personajes e intrigas que a menudo desbordan un poco la página abarrotada, rebosante de hombres y acontecimientos
Hay páginas en las que sentimos prevalecer la mano del abogado (p. 164: espectacular puesta en escena de un juicio); otras en las que se intensifica la intriga pura, propia de una novela policíaca, llena de enigmáticos nudos que solo se desentrañarán al final; fragmentos intimistas, encerrados en la confesión que el protagonista hace a su amigo Karl; pasajes incluso sentimentales, de abandono lírico-paisajístico, como cuando Patrick —que en su corazón sigue sintiéndose Danilo— habla de «su» Brasil idílico (p. 340), donde «el cielo es limpio y el aire es ligero, los paisajes son hermosos, la gente es sociable...».

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